lunes, 28 de mayo de 2007
Movida, desplazada.
sábado, 26 de mayo de 2007
Soledad.
Me siento sola, por mas que esté rodeada de amigos y familiares. Hay miles formas de sentirse sola, y una es esta. Tienes a miles de personas alrededor tuyo pero sentís esa soledad igual. Sentís que ya no encajas, que sos esa pieza del rompecabeza que sobra porque ya la imagen se formó, y vos, vos quedaste afuera.
Pero si te pones a pensar, vos fuiste la culpable de sentirte en ese apartamiento en el cual estás viviendo, vos fuiste la que te alejaste de la sociedad por miedo, vos fuiste la que pensabas que alejándose de las cosas se solucionarían, como si fueran que ellas fueran a tener autoridad propia.
Así que ya sabes cual es el porqué de este aislamiento, ya sabes que otra vez y una vez más vos sos la que te causas estos daños.
viernes, 25 de mayo de 2007
Control.
Somos princesas. Nadie nos lo roba. Nadie nos modifica. Nadie nos controla. Somos dueñas de nuestras decisiones, somos conscientes y aceptamos cualquier tipo de riesgo que se nos presente. Tenemos que superar nuestra debilidad, somos débiles pero el resto no tiene que saberlo, tenemos que evitar ser el blanco de cualquier posible ataque. Tengo mi propia fórmula de sentirme bien, y nadie más la tiene que conocer. Tengo mis métodos de cicatrización, tengo mi plan. Tengo mis recompensas. Tengo mis castigos. Cada uno es dueño de sus victorias y sufrimientos. Cada uno muere, y no se lleva a nadie; somos individuales. Cada uno tratando de sobrevivir, como mejor pueda. Gris, estoy gris. Apagada. Pero ya voy a encenderme, esperen. Esperen a que logre cada uno de mis cometidos, esperen a que llegue a una meta segura. Estoy segura de lo que hago, controlo lo que hago. Controlo cada uno de mis miedos, dolores, molestias. Nadie dictamina lo que es bueno o malo. Lo que es bueno para mi, no tiene que serlo para nadie. Conozco mis límites. Conozco hasta cuanto puedo aguantar. Conozco mis tiempos. No intenten hacerme creer lo contrario. No intenten hacerme vulnerable. Construí mis propias formas de defensa sola, no las voy a destruir por más preocupados o interesados que estén. Construí mi realidad, ELIJO mi realidad. Conozco lo vulgar, conozco lo popular. Lo veo, convivo con ello. Comparo las ideas, y elijo a mi imaginación; ahora y siempre. No estoy en donde estoy porque sí. Estoy eligiendo mi lugar, MI fin. No elegí mi comienzo, pero ahora tomo el control y doy un giro a las cosas. Controlo el final, se que no se me va a escapar de las manos. Control, todo depende de eso.
jueves, 24 de mayo de 2007
Weakness.

Para hoy yo tenía que cumplir una meta, bajar 2 kilos, ¿y qué creen?, ¿qué los bajé?, no, no y no, no los bajé. Me siento tan mal conmigo mismo, siento que no sirvo para esto. Necesito fuerzas y como las cobro a estas fuerzas, con self-injury. Suena tan paradójico que alguien cobre fuerzas lastimandose, dañandose, cortanse, pero es así, no encuentro otro método por ahora.
Hay veces en el que cuando estoy sentada en el baño con esa maldita hoja filosa del sacapuntas, pienso, sí pienso en lo que voy a hacer, como que recapacito, pero me gana ella, y necesito que sangre pura corra por mis brazos para sentirme bien. Necesito esa sensación inexplicable, esa sensación tan fría.
miércoles, 23 de mayo de 2007
Bien, gracias.
Si, gracias por preocuparte por mí, pero ahora es demasiado tarde, ya me hice mucho daño para que ahora, recién ahora te lamentes y pidas perdón. Tal vez si lo hubieras hecho un poco antes yo no estaría así, y tampoco te trataría así. Poco a poco te fui mostrando el daño que me estaba haciendo y ni siquiera te importó, y creo que ese fue el mayor dolor, no el que yo me hacía, sino el que vos no te dabas cuenta, la falta de atención duele mas que cualquier otro daño físico.
martes, 22 de mayo de 2007
Hoy.
Hoy no tengo ganas de vivir. Hoy es uno de esos días en los cuales estoy tirada en mi cama, abrazada a mi oso y con nudos en la garganta. Hoy no probé bocado, pero no por Ana, sino por mi estado de ánimo. Hoy me olvidé de todo y de todos, me olvidé de que tenía que ser una princesa perfecta, de que tenía que cumplir mi meta. Hoy mi mente se focalizó en una sola cosa, en una decisión que tengo que tomar con un límite de tiempo, y esa tan difícil decisión me carcome la cabeza, es tan complicada de tomarla, de elegir una sola cosa que no soy capaz de hacerlo. Hoy fue uno de esos días en los que busqué una sensación de dolor para sentir por lo menos algo, para que no sea un día neutro. Por eso, hoy probé el filo del sacapuntas, hoy me provoqué un dolor que pensé que iba a ser más intenso, hoy parte de mi sangre parda me recorrió el brazo, ambos brazos. Fueron cinco cortes, cinco líneas que tardaran en cicatrizar, cinco profundas hendiduras.
lunes, 21 de mayo de 2007
BASTA!
Estoy harta, pero HARTA de que la gente todo el tiempo me diga "tenés que comer, estas muy flaca" cuando en verdad estoy hecha un paquete de azúcar, que falsos resultaron ser, como me mintieron y como les creí cuando me dijeron que así me veía bien.
Por eso, últimamente estoy sola, alejadas de aquellos que hicieron que ésta infeliz caiga en sus mentirosas trampas, hicieron que, en un momento, me sienta bien cuando me veía tan pero tan mal, para ser franca, me dañaron. Y crearon un daño que es difícil de reparar, un daño que rasguño lo poco que me quedaba de corazón, pero que alguien, poco a poco, esta tratando de arreglar, Ana.
Por eso, últimamente estoy sola, alejadas de aquellos que hicieron que ésta infeliz caiga en sus mentirosas trampas, hicieron que, en un momento, me sienta bien cuando me veía tan pero tan mal, para ser franca, me dañaron. Y crearon un daño que es difícil de reparar, un daño que rasguño lo poco que me quedaba de corazón, pero que alguien, poco a poco, esta tratando de arreglar, Ana.
jueves, 17 de mayo de 2007
Olivia
Olivia descorrió la cortina y salió de la ducha entrechocando las rodillas huesudas. Antes de tomar la toalla, se miró en el espejo como solía hacerlo: una mujer montañosa, con pliegues en el abdomen apareció frente a ella.El vapor del agua cubrió el baño: apenas se distinguía el diseño de los azulejos; las gotas de las paredes se aglomeraban y se deslizaban chorreando confusión. Un manto blanquecino velaba su imagen, que miraba con ojos tristes desde la superficie engañosa del espejo.
Cada vez más gorda, se dijo Olivia, que detestaba verse así. Debía hacer algo urgente. Si no, se quedaría sin trabajo hasta que adelgazara.
Se subió a su tortura diaria: ¡Cuarenta y dos! ¡La aguja marcaba cuarenta y dos!
—¡Más de cuarenta, maldita sea! —y abandonó el baño con un portazo, como si quisiera dejar allí encerrado al hipopótamo en que se había convertido.
Envuelta en un toallón, cruzó el living en busca de su cartera. Sacó la libreta de control de peso y apuntó el número que la atormentaba. De repente un círculo rojo en la página de al lado le llamó la atención.
—¡No es posible! —dijo al ver el calendario—. ¡La última fue el 13 de diciembre! —y contó con los dedos—. ¡Tres meses! ¡Cómo no me di cuenta antes! ¡Hace tres mes que no menstrúo! Y embarazada no estoy, ¿quién se va a querer acercar a mí?
Pero no podía ocuparse en ese momento: se hacía tarde.
Rescató de una pila de papeles el recorte del diario del día anterior y corrió a vestirse. Se embutió en un par de pantalones talle XS, se encajó una remera que, estirándola, apenas le llegaba arriba del ombligo y se calzó unas sandalias de goma. Sacó de la heladera la botella de agua mineral y una manzana, y salió directo para el casting.
—Arenales y Callao —ordenó Olivia. Cuando arrancó el taxi, abrió la mochila y sacó la fruta de las once (según el último número de la Cosmos, debía alternar una manzana roja y una verde cada tres horas).
Le pegó un mordisquito a la manzana roja y se dio cuenta de que el taxista la espiaba por el espejo retrovisor. Y claro: el hombre debía creer que ella se la pasaba tragando todo el día. “Algo debo estar haciendo mal con esto de las dietas”, pensó. No conseguía bajar el bendito rollo que se le formaba cuando se sentaba. Meses atrás, también había probado la dieta de las Nubes —que le recomendó Coca, su vecina, que siempre le decía: “Vos tenés suerte, Oli, sos recontraflaca y no precisás hacer nada”—, la dieta del té verde, la dieta de los carbohidratos. Hasta pensó en ir a un cirujano, que achicaba el estómago. Los médicos eran un capítulo aparte: la mentirosa de Clelia, la nutricionista, antes de derivarla a un psicólogo le dijo que parara, que había pasado hacía rato el peso mínimo establecido para su talla. “Qué sabrá”, pensó.
Al llegar a la dirección de la agencia que indicaba el aviso clasificado, se encontró con una cola de jovencitas hermosas, flacas y altas. Se paró atrás de la última, y después de dos horas de espera, la arrearon hacia adentro.
El estudio era un salón pelado: sólo el camarógrafo preparando el video, y el asistente de casting que esperaba sentado en una silla.
Olivia se acercó y se paró sobre unos círculos de luz que proyectaban un par de focos.
Su panza cosquilleaba como si se hubiera comido una ensalada de plumas. Siempre le pasaba lo mismo en situaciones como esa.
—Presentate, por favor —dijo el asistente.
—Me llamo Olivia Rodari —dijo con voz entrecortada—. Tengo dieciocho, y hace dos años que trabajo para la agencia de modelos de Ricardo Elson.
—Ahora —explicó el asistente, mientras el camarógrafo filmaba cada movimiento de Olivia—, hacé de cuenta que estás en una playa. Corré, acostate a tomar sol, decí algo que se te ocurra.
Olivia se recostó boca arriba, con las piernas flexionadas. Se apoyó sobre los codos, tiró la cabeza hacia atrás y desplazó su rizada cabellera. Luego giró hacia la cámara, y mirando desde abajo, dijo:
—En medio de la selva urbana, crea tu propio oasis: toma Oliviacola —y empinando una botella imaginaria, simuló beber un sorbo.
—Gracias —le dijo el asistente al terminar de grabar—, a la brevedad te comunicaremos nuestra decisión —y enseguida puso a correr a otra postulante en la ilusoria playa.
Cuando Olivia salió a la calle, su panza continuaba revolviéndose, borboteaba, se retorcía como lombriz.
Caminó hacia la parada de los taxis, y de pronto se detuvo frente a la ventana de un bar. Quedó inmóvil, fijando la vista en un hombre que comía una chorreante porción de pizza.
Olivia dudó en entrar. Sin embargo, su cuerpo la condujo a una mesa.
—¡Por favor una de mozzarella! —le ordenó a un mozo que se arrimó.
—Una de mozzarella —repitió el mozo anotando el pedido—. ¿Y que vas a tomar con la porción?
—No, no quiero una porción. Yo quiero una pizza entera.
—Muy bien, hacemos una chica.
—No, una grande, por favor. Y con una gaseosa diet de lo que tengas. Y de postre, una porción de torta de chocolate con crema. ¿Puede ser con doble porción de crema?
El mozo parecía dudar.
—¿Nunca vio a nadie con hambre? —preguntó Olivia irritada.
El mozo dio media vuelta y se fue cantando el pedido.
Olivia sintió ahora un vacío profundo como un pozo ciego. Y no sólo en el estómago.
Pasaron diez interminables minutos, hasta que tuvo frente a sí una dorada pizza de aspecto crocante y queso que se estiraba y caía.
Engulló sin respiro. Luego, y casi por tragar el último bocado de pizza, el mozo le dejó el postre en la mesa. Tenía tanta crema chantilly, que la torta ni se veía. Olivia se agachó sobre el plato, y clavó la cuchara buscándola entre la espuma blanca.
Aquello era una delicia.
Al minuto pagó y salió disparada de la pizzería.
Durante el viaje, el taxista parecía empeñado en charlarle de estupideces: que el pronóstico del tiempo, que lo caras que estaban las cosas, que los pozos de la calle, que el tráfico. Olivia le respondía con monosílabos.
—Llegamos —dijo por fin, cuando divisó la esquina de su casa. Pagó y corrió a su departamento. Ni siquiera saludó al portero, que le abrió la puerta del ascensor.
No había tiempo que perder —se dijo—. ¡Olivia derecho a la bicicleta fija para dejar de ser una vaca!
“Voy a tener que pedalear el doble” pensaba, recordando la mozzarella grande y la torta de chocolate con doble porción de crema.
O mejor… Sí, sería mejor. Sería más rápido y efectivo.
Enfiló para el baño.
Se arrodilló frente al inodoro. Juntó el dedo índice con el mayor, y se los introdujo en la boca hasta rozar la campanilla. Y afloró una catarata de náuseas. Su corazón percutía en el pecho.
Hasta que por fin, el chorro ácido le emergió de las tripas.
“Así no se puede vivir”, pensó, pasándose el dorso de la mano por la boca.
miércoles, 16 de mayo de 2007
Guilty
En el almuerzo no puedo no comer, simplemente por dos razones: 1) por mis padres, es la única comida que comparto y no quiero que se den cuenta de ana así que como muy poco pero igual, como; y 2) porque al ver toda la comida ahí tendida sobre la mesa, ese maldito pecado capital, la gula, se apodera de mi cuerpo y no me puedo contener. No quiero recurría a mía todavía, quiero primer tener control sobre lo que como, sobre mí misma y si no lo puedo manejar ahí recién devolverlo por donde entró.
martes, 15 de mayo de 2007
Comienzo.
Hoy por ser el comienzo creo que voy bien, solo ingerí un actimel a la mañana y tuve que almorzar por mis padres y desde el almuerzo que estoy sólo con dos tostadas y no tengo hambre. Me gratifica, a pesar de ser el primer día, el control que puedo tener con las comidas, no es que sea Guau que control, pero algo es algo y espero seguir mejorando día a día...
Solo pensar.
Hoy estuve toda la mañana pensando y comparando cuál era el motivo por el cual mis amigas tenían todo lo que ellas querían y yo no, ellas lo lograban conseguir a todo lo que se les pusiera en mente y lo mío nunca se cumplía. La simple pregunta del "Por qué" me hacia plantear muchas cosas, una de ellas a la cual se me vino en mente fue mi cuerpo. Por ahí ellas lo podían conseguir a través de su cuerpo, esbelto y en curvas, eso ayuda y mucho, el mío, en cambio no tenía para nada esas cualidades. Por eso hoy, decido cambiarlo, decido entrar al mundo de Ana y como soy nueva en esto necesito su ayuda, necesito contención.
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