Hay días en que no sé si dejar de respirar definitivamente o permanecer en apnea durante todo el tiempo que me queda. Días en que bajo las sábanas respiro y trago mis lágrimas y siento su sabor en la lengua. Me despierto en una cama en desorden, despeinada y con la piel violeta. Desnuda , delante de un espejo, observo mi cuerpo. Veo caer una lágrima desde el ojo a la mejilla, la seco con un dedo y me araño un poco la mejilla con la uña. Me paso la mano por los cabellos, me los tiro hacia atrás, hago una mueca, tanto para parecer simpática y reírme de mí misma: pero no lo consigo, quiero llorar, quiero castigarme.
sábado, 9 de junio de 2007
Mía, sólo mía.
Hay días en que no sé si dejar de respirar definitivamente o permanecer en apnea durante todo el tiempo que me queda. Días en que bajo las sábanas respiro y trago mis lágrimas y siento su sabor en la lengua. Me despierto en una cama en desorden, despeinada y con la piel violeta. Desnuda , delante de un espejo, observo mi cuerpo. Veo caer una lágrima desde el ojo a la mejilla, la seco con un dedo y me araño un poco la mejilla con la uña. Me paso la mano por los cabellos, me los tiro hacia atrás, hago una mueca, tanto para parecer simpática y reírme de mí misma: pero no lo consigo, quiero llorar, quiero castigarme.
jueves, 7 de junio de 2007
Just like this.
Ya no me importa nada. Me da lo mismo comer, no comer, vomitar, lastimarme. No tengo mas dolor, no lo siento. Me lo provoco, pero no está, se ha ido de mí. Quizá no se fue completamente, quizá está en un rincón esperando el momento justo para salir, quizá tiene miedo de salir.
Ya no hay nada por hacer, puede ser que sí, pero yo no quiero. No quiero enfrentarme con mi otra cara, no quiero ser mi propio rival, no quiero y no quiero.
martes, 5 de junio de 2007
Cuando él me dijo esto, sentí el aguijineo de la verdad, y ese alivio, un alivio cercano a la gratitud, porque alguien se había dado cuenta de quién era yo. Imperfecta como era, alguien había visto dentro de mí.
Sin embargo nadie lo hacía, nadie mira a las personas interiormente, ni siquiera yo. Todos caemos siempre en la trampa, en esa maldita trampa de la atracción externa, de lo físico, de lo material, de lo que no tiene valor, de lo sin vida.
Nos conformamos con una buena fisonomía, un buen aspecto, no miramos al mas allá de la persona, nos quedamos con esa imagen, esa falsa estampa.
Por eso queremos ser perfectas, porque por más buenas personas que fuésemos nadie lo nota, nadie lo ve. Por eso somos princesas, por eso tenemos metas, por eso no comemos, por eso ayunamos, y todo eso para ser aceptadas, queridas, amadas y deseadas.
sábado, 2 de junio de 2007
Fragmento
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